lunes, 22 de agosto de 2011

my sweet obsession 22

—______, no. Estás ebria —le dije cuando comenzó a bailar cerca de mí.
—Ya lo se —me dijo y apoyó su espalda contra mi pecho, para luego bajar despacio y volver a
subir. Giró y me miró a los ojos.
—Pero es tu culpa, por traerme aquí. Ahora lo aguantas.
Vi como Zachary y Richard reían divertidos ante mi notoria frustración de que ella estuviera
haciendo eso. Provocando que mi sangre se calentara… y que otras partes de mi también.
Luego todas ellas se subieron a la barra, incluida Susan. No puedo creer que esto esté pasando.
Todas bailaban sensualmente sobre aquella barra, tocándose entre ellas y riendo divertidas. Pero mi
mirada no podía salir de ______. Sentí una mano apoyarse sobre mi hombro.
—Hermano, hermano. Como te provoca _____ ¿cierto? —me dijo Zachary.
—Cállate —le dije sin dejar de mirarla.
—Te trae loco —aseguró Richard —Mira, te la estas comiendo con la mirada. Yo creo que si
tuvieras súper poderes de la vista, ya le hubieses sacado la ropa.
De repente un idiota intentó bajar a ______ de la barra para tocarla o no sé que tenia entre
manos, entonces reaccioné y me acerqué a él para sacarlo de un solo golpe de allí. La música
dejó de sonar y se escucharon algunas botellas de vidrio caer al suelo, tomé a ______ y la subí a
mi hombro.
—¡Nos vamos! —le dije firme. Ella comenzó a patalear.
—¡No, no quiero! ¡La estaba pasando bien, Justin! —se quejó.
—¡No me interesa, nos vamos! —sentencié.
—¡Vuelve pronto _____! —le gritó Susan.
—¡Claro que si, Su! —contestó ella, mientras la llevaba encima mío como una bolsa de papas.
—Adiós muchachos, los veo luego —les dije a mis amigos y salí de allí.
La subí a la moto y prendí marcha hacia mi departamento. Yo no podía dejarla así en su casa, y
tampoco podía quedarme en su casa.Tal vez cuando despierte, piense que soy un pervertido que le
hizo algo o alguna cosa de esas.
No dejó de decir tonterías en todo el camino. Se reía de cualquier cosa, y hasta logró hacerme
reír a pesar de que yo iba a regañándola. Llegamos a mi casa y la ayudé a entrar.
La senté sobre la mesa y comencé a buscar el café.
—Nunca más, ¿entendiste? Nunca más te llevó a ese lugar —le dije.
—Eres un aburrido, solo tú quieres diversión —me dijo.
Me incorporé y la miré. Ella sonrió y yo solo negué con la cabeza.
—Ahora voy a hacerte un café para que se te vaya la borrachera que te echaste encima, como si no
existiera un mañana.
—¡Ni lo pienses! —me dijo y se bajó de la mesa. Caminó hasta el sillón, en donde se acostó
pesadamente —No voy a tomar café, odio el café.
—Tienes que tomarlo, ¿sino como se te va a ir eso?
—No lo se, pero no voy a tomarlo —me aseguró —Búscame otra cosa, un vaso de agua o un
calmante para el dolor de cabeza que seguro me va a dar mañana. Pero café no tomó ni aunque me
amenaces con matarme…
—Eres una niñita caprichosa. Juro por mi vida que jamás voy a volver a sacarte a ningún lado,
para que luego te comportes así y tomes como una borracha y te pongas a bailar sensualmente sobre
una barra y hagas que alguien más que yo te miré con deseo, porque…
Levanté mi cabeza para mirarla, y ella estaba profundamente dormida sobre el sillón.
Sonreí y con cuidado me acerqué a ella. Acomodé un poco unos mechones de su cabello.
—Solo tú puedes quedarte dormida, conmigo al lado —dije divertido.
Me acerqué más y la alcé en brazos para llevarla a dormir en la cama. Como todo caballero que soy
no iba a dejarla dormir incómodamente en el sillón, la alcé firmemente. Ella, media dormida,
colocó sus brazos alrededor de mis hombros y escondió su rostro en mi garganta. Sentí como
respiraba profundamente. Detuve mi paso, ante el escalofrió que recorrió mi espalda.
—Como me gusta tu perfume —susurró —Es tan masculino, y te hace tan irresistible. No te lo
había dicho antes pero… tu tatuaje es tan sexy, que hasta ganas de lamerlo tengo.
—¿A si? —dije.
—Aja —dijo ella. Tragué sonoramente.
Levantó su cabeza y me miró fijo a los ojos. Sonrió divertida, y luego hizo algo que yo no
esperé que hiciera. Sus labios se apoyaron despacio sobre los míos, se abrieron con cuidado
tomándolos. Mis ojos estaban bien abiertos, mirándola a ella. Sus ojos estaban cerrados. Sin dejar
de mirarla comencé a responder a su boca. Sus manos subieron por mi cuello a mí nuca y me
acercaron más a ella, sus dedos acariciaron suaves mis cabellos. Entonces, sin intensión alguna,
mis ojos se cerraron ante aquella excitante sensación, mientras la tomaba con más firmeza entre
mis brazos.
Su boca se movía sensual sobre la mía, excitándome. Y cuando su lengua acarició con ansia la
mía, creí que iba a volverme completamente loco. Se alejó despacio, y abrí mis ojos para
mirarla. Sus ojos aun estaban cerrados, hasta que los abrió y sonrió. Se acercó de nuevo a mí y
acarició mi nariz con la suya, para luego volver a apoyar su cabeza contra mi hombro.
—¿Y eso por qué fue? —le pregunté agitado realmente me habia gustado ese beso.
—Por ser horriblemente irresistible —contestó.



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