—Oh, espera un segundo que voy a llamar a mi hija para que la conozcas —dijo.
¡Bingo! dije para mi fuero interno.
—_______, hija —la llamó.
Ella se encontraba de espaldas hablando con otra mujer. Se giró a verlo y cuando me divisó frunzo
el ceño con gesto de asombro. Se despidió de la mujer y se acercó a nosotros. Hice todo lo
posible por parecer sorprendido.
—Hija, quiero que conozcas al joven Justin Bieber —me presentó —Justin, ella es mi bella hija
______.
—Es un gusto señorita —dije y tomé su mano para besarla cordialmente.
Ella no dijo nada, solo me miraba sin poder creerlo aun.
—Bueno, los dejo un segundo. Iré a hablar con tu padre Justin —me dijo.
—Vaya tranquilo señor Brooks, yo cuidó de su hija.
Sonrió y palmeó mi espalda para luego irse. Clavé mis ojos en _____, y ella me miró de arriba a
bajo analizándome detenidamente.
—¿Dónde quedó el sapo Marilynmansero? —me preguntó. Solté una leve carcajada —¿Se puede
saber que haces aquí?
—Aquí es donde vengo siempre que necesito pensar —le dije. Me miró acusadoramente —Bueno, en
realidad vengo porque mi padre tiene amigos importantes y siempre necesita de mi ayuda.
—O sea que era esto lo que tenías que hacer hoy —me dijo.
—Al parecer los dos teníamos que hacerlo —dije y la miré de los pies a la cabeza —Se ve muy
bella esta noche señorita Brooks.
—Oh —dijo ella soltando una sonrisa —¿Ahora eres todo un caballero?
—Siempre lo soy, ¿no lo cree?
—En realidad creo que te favorece el pelo hacia atrás. Se tiene mayor percepción del color de
tus ojos.
—¿Le gustan mis ojos? —pregunté sonriéndole levemente.
—Señor Bieber, creo que a pesar de que este vestido de gala, lo marylinmansero no se le va con
nada del mundo.
—Podríamos fingir que acabamos de conocernos —dije y me di la vuelta para luego volver a
mirarla —Buenas noches señorita.
Tomé su mano para besarla de nuevo. Ella rió por lo bajo.
—Buenas noches señor… —dejó de hablar para seguirme el juego.
—Bieber, o puede decirme Justin.
Nos acercamos a una de las mesas donde había comida y cosas para tomar. Ella miró esporádicamente la mesa y soltó un frustrado suspiro.
—¿Qué sucede? —le pregunté.
—Puedes creer que no tengan nada que no provenga de algún pobre animal —dijo
—¿Estas segura? —dije y giré a ver la mesa.
Ella tenía razón, allí había de todo, pero nada no proveniente de algún animal.
—Son todos unos cerdos —dijo mirando a la gente —Presumiendo su dinero y poder, y riendo con una copa de martini entre los dedos.
—¿No te gusta esta gente?
—Para serte sincera, no. Pero toda mi vida he vivido entre ellos, y aun así no los tolero.
—Te entiendo, esta gente es demasiado irritante —le dije. Se giró a verme.
—¿Vienes seguido verdad? —preguntó.
—Si —dije asintiendo.
—Es la primera vez que vengo a un lugar como este. Y te aseguro que hubiese preferido quedarme en casa, mirando una película y comiendo helado.
Miré a nuestros padres y hablaban animadamente.
—¿Crees que hagan algún negocio? —le pregunté.
—Quien sabe —dijo y los miró también —¿Ese es tu padre?
—Si, él es mi padre —dije en un suspiro.
—No te pareces mucho a él —me dijo. Giré a verla.
—No, me parezco más a mi…
Me miró esperando a que terminara de hablar. Sentí un pequeño nudo en el pecho, algo que me impedía poder hablar de ella.
—¿A tu madre? —preguntó. Salí de mis pensamientos y la miré.
—Si, si a ella —dije rápidamente. Miré hacia uno de los ventanales y la noche se veía bella. Sería bueno salir un poco —Oye, ¿salimos de aquí?
—¿A dónde? —me preguntó confundida por mi repentino interés de salir de allí.
—Conozco este lugar, he venido antes. Tiene un muy bello jardín, podemos salir a caminar —le dije. Miró a su alrededor y volvió a mirarme.
—Está bien, vamos —me dijo.
Apoyé una mis manos en su espalda y la dirigí levemente hacia fuera. Salimos y la leve brisa goleó nuestros rostros. No hacía calor, ni frío. La noche en verdad era perfecta. Comenzamos a caminar, por lo que parecía un laberinto de enredaderas.
—Wou, esto es increíble —dijo mirando a su alrededor.
—El jardinero que hizo esto se merece una consideración —acoté —Juguemos a las veinte preguntas.
—Que sean cinco —dijo divertida.
—¿Cinco? ¿Nada más cinco?
—Nada más —sonrió.
—Está bien, acepto tus condiciones. Comenzaré yo —acomodé mi garganta —¿Te agrada haberte encontrado conmigo esta noche?
¡Bingo! dije para mi fuero interno.
—_______, hija —la llamó.
Ella se encontraba de espaldas hablando con otra mujer. Se giró a verlo y cuando me divisó frunzo
el ceño con gesto de asombro. Se despidió de la mujer y se acercó a nosotros. Hice todo lo
posible por parecer sorprendido.
—Hija, quiero que conozcas al joven Justin Bieber —me presentó —Justin, ella es mi bella hija
______.
—Es un gusto señorita —dije y tomé su mano para besarla cordialmente.
Ella no dijo nada, solo me miraba sin poder creerlo aun.
—Bueno, los dejo un segundo. Iré a hablar con tu padre Justin —me dijo.
—Vaya tranquilo señor Brooks, yo cuidó de su hija.
Sonrió y palmeó mi espalda para luego irse. Clavé mis ojos en _____, y ella me miró de arriba a
bajo analizándome detenidamente.
—¿Dónde quedó el sapo Marilynmansero? —me preguntó. Solté una leve carcajada —¿Se puede
saber que haces aquí?
—Aquí es donde vengo siempre que necesito pensar —le dije. Me miró acusadoramente —Bueno, en
realidad vengo porque mi padre tiene amigos importantes y siempre necesita de mi ayuda.
—O sea que era esto lo que tenías que hacer hoy —me dijo.
—Al parecer los dos teníamos que hacerlo —dije y la miré de los pies a la cabeza —Se ve muy
bella esta noche señorita Brooks.
—Oh —dijo ella soltando una sonrisa —¿Ahora eres todo un caballero?
—Siempre lo soy, ¿no lo cree?
—En realidad creo que te favorece el pelo hacia atrás. Se tiene mayor percepción del color de
tus ojos.
—¿Le gustan mis ojos? —pregunté sonriéndole levemente.
—Señor Bieber, creo que a pesar de que este vestido de gala, lo marylinmansero no se le va con
nada del mundo.
—Podríamos fingir que acabamos de conocernos —dije y me di la vuelta para luego volver a
mirarla —Buenas noches señorita.
Tomé su mano para besarla de nuevo. Ella rió por lo bajo.
—Buenas noches señor… —dejó de hablar para seguirme el juego.
—Bieber, o puede decirme Justin.
Nos acercamos a una de las mesas donde había comida y cosas para tomar. Ella miró esporádicamente la mesa y soltó un frustrado suspiro.
—¿Qué sucede? —le pregunté.
—Puedes creer que no tengan nada que no provenga de algún pobre animal —dijo
—¿Estas segura? —dije y giré a ver la mesa.
Ella tenía razón, allí había de todo, pero nada no proveniente de algún animal.
—Son todos unos cerdos —dijo mirando a la gente —Presumiendo su dinero y poder, y riendo con una copa de martini entre los dedos.
—¿No te gusta esta gente?
—Para serte sincera, no. Pero toda mi vida he vivido entre ellos, y aun así no los tolero.
—Te entiendo, esta gente es demasiado irritante —le dije. Se giró a verme.
—¿Vienes seguido verdad? —preguntó.
—Si —dije asintiendo.
—Es la primera vez que vengo a un lugar como este. Y te aseguro que hubiese preferido quedarme en casa, mirando una película y comiendo helado.
Miré a nuestros padres y hablaban animadamente.
—¿Crees que hagan algún negocio? —le pregunté.
—Quien sabe —dijo y los miró también —¿Ese es tu padre?
—Si, él es mi padre —dije en un suspiro.
—No te pareces mucho a él —me dijo. Giré a verla.
—No, me parezco más a mi…
Me miró esperando a que terminara de hablar. Sentí un pequeño nudo en el pecho, algo que me impedía poder hablar de ella.
—¿A tu madre? —preguntó. Salí de mis pensamientos y la miré.
—Si, si a ella —dije rápidamente. Miré hacia uno de los ventanales y la noche se veía bella. Sería bueno salir un poco —Oye, ¿salimos de aquí?
—¿A dónde? —me preguntó confundida por mi repentino interés de salir de allí.
—Conozco este lugar, he venido antes. Tiene un muy bello jardín, podemos salir a caminar —le dije. Miró a su alrededor y volvió a mirarme.
—Está bien, vamos —me dijo.
Apoyé una mis manos en su espalda y la dirigí levemente hacia fuera. Salimos y la leve brisa goleó nuestros rostros. No hacía calor, ni frío. La noche en verdad era perfecta. Comenzamos a caminar, por lo que parecía un laberinto de enredaderas.
—Wou, esto es increíble —dijo mirando a su alrededor.
—El jardinero que hizo esto se merece una consideración —acoté —Juguemos a las veinte preguntas.
—Que sean cinco —dijo divertida.
—¿Cinco? ¿Nada más cinco?
—Nada más —sonrió.
—Está bien, acepto tus condiciones. Comenzaré yo —acomodé mi garganta —¿Te agrada haberte encontrado conmigo esta noche?
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