viernes, 2 de septiembre de 2011

my sweet obsession 23

Su boca se movía sensual sobre la mía, excitándome. Y cuando su lengua acarició con ansia la
mía, creí que iba a volverme completamente loco. Se alejó despacio, y abrí mis ojos para
mirarla. Sus ojos aun estaban cerrados, hasta que los abrió y sonrió. Se acercó de nuevo a mí y
acarició mi nariz con la suya, para luego volver a apoyar su cabeza contra mi hombro.
—¿Y eso por qué fue? —le pregunté agitado realmente me habia gustado ese beso.
—Por ser horriblemente irresistible —contestó.

Escuché una pequeña risa de su parte, y entonces caminé hasta mi habitación. Con cuidado la
acosté en la cama. Le quité los zapatos y la tapé con una pequeña manta. Salí de allí y luego
de ir al baño me fui a acostar en el sillón. Coloqué mis brazos detrás de mi cabeza, mirando
fijamente al techo. El dulce sabor de su boca aun no se había ido de la mía. La sensación
caliente aun ardía en mis labios. Sacudí mi cabeza, yo no podía estar pensando eso.
¿Soy yo quien la esta conquistando a ella o es ella quien me esta conquistando a mi?
No, no, no. Claro que no. ¿Conquistarme a mí? Eso es imposible.
Yo las conquisto, yo las uso y luego todo se termina. Así fue siempre, y así seguirá siendo. Esa
es mi vida, es mi rutina y no la cambiaria por nada del mundo. Pero debo admitir que es la mujer con
la que más relación social tuve en toda mi vida.
Ya, ya basta Justin. Deja de pensar, todo esta bien. Todo está saliendo acorde tus planes. Pronto
______ Anne Brooks Riccie caerá a tus pies, como el resto. Es solo cuestión de tiempo, de esperar.
No me cuesta nada esperar un poco más de tiempo que a las demás. Y creo que si vale la pena
esperar por una noche con aquella hermosa chica, que si sabe mover bien las piernas.

Comencé a despertar al sentir, como unas leves manos me movían. Abrí un ojo y la miré. Ella me sonrió levemente.
—Buenos días, nana —le dije con voz ronca.
—¿Se puede saber que haces durmiendo en el sillón? —me preguntó. Me senté y miré a mí alrededor.
—Mi cuarto está ocupado —contesté, y me puse de pie para ir al baño. Entré, me lavé la cara y los dientes. Salí y me acerqué a la mesada para sentarme frente a Rose —¿Qué hora es?
—Las doce en punto, Justin —me contestó y comenzó a sacar hoyas y comida para cocinar.
—¿Justin? —escuché su adormilada voz.
Mi nana y yo nos giramos para mirar hacia el pasillo, del cual provenía su voz. Su rostro era una mezcla de sueño, confusión y dolor de cabeza. Ella me miró y luego miró a mi nana. Me puse de pie y me acerqué a ella.
—Vamos al cuarto, cariño —le dije y volvimos de donde salió.
Me giré a verla, después de cerrar la puerta.
—¿Dónde estoy? —me preguntó mientras se sentaba despacio en la cama.
—En mi departamento —le contesté. Sus ojos se abrieron bien y se puso rápidamente de pie.
—¿Qué hiciste conmigo? —dijo nerviosa —¡Oh, dios! No me digas que tú y yo…
—No cariño —la interrumpí divertido —Tú y yo no hicimos nada de lo que estas pensando. Te hubiera encantado, ¿verdad?
—No, claro que no —dijo rápidamente —Además como iba a encantarme, si no recuerdo nada de lo que pasó.
—¿Nada? —pregunté. Ella clavó sus ojos en los míos.
—Bueno, recuerdo un poco —dijo y me miró con desconfianza —¿Qué estas insinuando?
—No, nada.
—Bieber… —dijo mi nombre con tono de advertencia.
—¿De verdad quieres saberlo? —le dije. Ella asintió —Bueno, pues para empezar tomaste mucho por lo que adjudico todos tus actos al alcohol. Ni los chicos ni yo te juzgamos de verdad.
—Oh, dios santo —dijo mientras se sentaba en la cama para escucharme con atención.
—Pusiste música en el bar, comenzaste a bailar muuuuy sexy, me gusta verte bailar por cierto. Coqueteaste con Hook…
—¿Hook? —preguntó.
—Un grandulon, así le dijiste, que va allí siempre —le dije —Me sedujiste.
—¿Qué hice que?
—Me sedujiste, me bailaste sensualmente… cerca, tocándome, provocándome.
—Yo…
—Luego te subiste a la barra, haciendo que todas las mujeres del lugar se subieran y bailaran sensualmente junto a ti. Pero debo decir, que aun así eras la más sexy. Luego un estúpido quiso propasarse, lo puse en su lugar. Te rescaté de la perdición, salimos de allí, nos fuimos a las vegas, nos casamos y ahora eres mi esposa. Me debes la noche de bodas cariño…
Ahora su rostro era una mezcla de vergüenza, preocupación y asombro. Hasta que clavó sus ojos en mí, los entrecerró y me miró con recelo.
—Eso último es mentira, ¿cierto? —me dijo muy segura de ello. Sonreí divertido.
—Pensé que así el saber que me besaste anoche aligeraría la noticia —le dije.
Sus ojos se abrieron como platos.
—Eso es mentira —aseguró.
—No, no es mentira. Lo hiciste, y bueno yo no pude negarme…
—Eres un aprovechado, estoy segura de que tú me besaste a mi, y ahora me estas diciendo que yo te besé a ti…
—¿Para que voy a mentirte? —pregunté —Si yo te hubiese besado te lo digo: Anne, anoche te besé. Pero no lo hice…
—Mmm, bueno si fue así entonces te pido perdón. Esa no era yo —dijo totalmente avergonzada.
—No, no me pidas perdón cariño. Por mí, puedes hacerlo las veces que tengas ganas.

3 comentarios:

  1. Hola ! acabo de encontrar tu blog y esta muy lindo !! ME encanta :) felicitaciones. Te pasarias por mi blog? MI nove es de justin bieber y tu ♥ espero que te guste :) y la leas jeje :) bueno.. cuidate mucho, bye♥

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