Bajé mi mano y acaricie una de sus
piernas. Gimió levemente.
Sentí como sus manos llegaban a mis pantalones. Me alejé de apenas de su boca.
—_______… —susurré su nombre. Me detuve al darme cuenta de que la nombré.Entonces me alejé
de ella para mirarla, y la imagen de _______ se esfumó en un segundo. La rubia era de nuevo la que
estaba frente a mí.
—No, no pasa nada. Continuemos, solo fue un… desliz —dijo agitada y se acercó de nuevo a mi
boca y me volvió a besar —Solo quiero darte placer, Justin. Y estoy completamente segura de que
tú puedes dármelo.
Me alejé de ella y la miré. _______ jamás diría una cosa así. Repentinamente sentí que no
podía seguir con eso. Le sonreí levemente.
—¿Puedes esperarme un segundo linda? Voy a traer algo especial para ti —le dije mientras me
ponía de pie y me acomodaba la ropa.
—Pero… ¿A dónde vas? —me preguntó sentándose en la cama.
—Juro que no me tardo nada, la sorpresa va a encantarte —dije y terminé de vestirme. Tomé mi
abrigó y salí de allí.
Bajé por las escaleras y salí a la calle, comencé a caminar sin rumbo alguno. Busqué en mi
bolsillo un cigarrillo y lo prendí. Creo que finalmente voy a tener que terminar aceptando que mis
amigos tienen razón cuando me dicen que no discrimino a ninguna. Yo no se que pasó conmigo, pero
simplemente no pude seguir adelante. Fue bastante rara la sensación de imaginarme a _______. Creo
que el trago me influenció más de lo que debía.
Pero fue más real de lo que pareció. Creo que si ella no hubiera hablado, yo aun estaría allí.
Voy a tener que replantearme un poco más mis próximas citas. Creo que andar saliendo solo por un
par de horas de placer [si es que a eso se le puede llamar placer] no vale la pena. Más si eso
luego va a traerme más problemas que placeres. Sin darme cuenta llegué a mi casa, y sin seguir
dando vueltas me tiré a la cama para intentar dormir. Pero se me vinieron a la mente la palabra de
esos tres.
*—Ay, y ahora sales con tu parte poética. Eres tan predecible. Con razón tienes a todas esas
bobas a tus pies. Un par de palabras bonitas, y la noche asegurada ¿No es cierto?
* —En verdad hermano, no discriminas a ninguna.
* —Algún día alguien van a darte una lección, Justin.
Sus palabras no salían de mi cabeza y cada vez me hacían pensar un poco más.
Me desperté a causa del maldito despertador que Zachary me había obligado a tener. Giré sobre el colchón y estiré mi mano para apagarlo. Volví a girar para mirar al techo. Mi cabeza se estaba partiendo, si no me equivoco logré dormir lo mismo que nada. Toda la noche mi conciencia se encargó de que mi persona se sintiera verdaderamente mal.
Me levanté y me dirigí al baño. Me di una ducha rápida y salí para cambiarme. Tomé un poco de café y salí en mi moto para otro maldito día en ese infierno. Recordé que hoy es la maldita fiesta de mi padre. ¡Demonios, nada podía ser peor!
Llegué y me encontré con Richard y Zachary esperándome para entrar. Sin quitarme los anteojos me acerque a ellos. Richard me miró bien.
—Uuuh, esa es cara de haber tenido mal sexo —aseguró el.
—Te equivocas Rich, esa es cara de no haber llegado al coito —dijo Zachary.
Me quité los anteojos y los miré asesinamente, para luego gruñirles por lo bajo. No estaba de humor para soportar sus teorías y burlas.
—Creo que si las miradas mataran, ya estaríamos muertos Zac
—dijo Rich.
Los volví a fulminar con la mirada. Maldito si seguía provocándome no iba a terminar bien. Zac se acercó a él y colocó una de sus manos sobre su hombro. Comenzamos a caminar hacia las malditas clases, me adelante un poco, pero podía escucharlos perfectamente.
—Amigo, ¿recuerdas que Justin perteneció al equipo de lucha en la secundaria? —le preguntó Wilson por lo bajo.
—Si —se limitó a decir Richard.
—También, ¿recuerdas cuando peleaba en los bares?
—Aja —respondió Rich.
—¿Y recuerdas que peleó con Hook y lo venció limpiamente?
Giré un poco la cabeza para mirarlos y Richard miró nervioso a Zachary.
—Si, lo recuerdo.
—Entonces no insistamos más, ciertamente no somos Hook. No creo que tengamos tanta suerte si continuamos —dijo él. Llegamos al salón y era una de las pocas veces en las que llegábamos temprano.
Miré a mí alrededor y Kate no estaba. Gracias a dios no estaba. Me senté en la última fila y logré hacer que mi cabeza se fuera de aquel lugar. La clase de Historia Universal comenzó, era tan tediosa aquella clase.
La puerta del salón se abrió y ella entró. Me senté derecho para mirarla, y a mi cabeza vino lo de ayer. Habérmela imaginado mientras estaba con otra era algo poco común en mí.
—Lo siento, se me ha hecho tarde —se disculpó.
La profesora la disculpó y ella miró a su alrededor para buscar un asiento. Él único lugar que quedaba era el que estaba a mi lado. Intentó buscar otro lugar, pero nada la salvaría de sentarse conmigo. Se acercó y con cuidado se sentó.
—Buen día —me saludó por lo bajo.
—Ojala pudiera decir lo mismo —le dije. Se giró a verme.
—Uuuuh, ¿no dormiste bien anoche? —me preguntó.
—Exacto —dije.
Ella sacó un cuaderno y comenzó a escribir lo que la profesora estaba diciendo. Miré con detenimiento cada movimiento que hacía su nariz al escribir. Llevó la punta de la lapicera a su boca para morder levemente la punta.
¡Oh dios, yo tengo que hacer algo para poder estar con esta chica!
Se giró a verme, y me encontró mirándola fijamente.
—¿Qué sucede? —me preguntó.
—Nada, solo te miraba —contesté.
—Después puedo prestarte un poco de tapa ojeras, si quieres —me dijo algo divertida.
—Oh, que considerada que eres cariño.
—Lo se —dijo orgullosa de ella misma y volvió a concentrarse en escribir.
La clase se me hizo lenta e interminable. _______ contribuía a ello, totalmente concentrada en lo que decían o escribían.
—Podemos salir mañana cariño —le hablé. Se giró a verme.
—¿Mañana? —preguntó.
—Si, ¿Por qué no?
—¿Es necesario?
—¿Cuál es el problema?
—El problema Justin, es que… no quiero problemas —dijo divertida.
—¿Problemas?
—Ya sabes de quien te estoy hablando. Amanda.
—Oh, Amanda —dije frustrado.
—De verdad tendrías que hablar con ella, esta obsesionada contigo. Por un lado le tengo lastima, debe ser horrible enamorarse de alguien que solo piensa en si mismo.
—Juro que yo jamás le di motivos para que se enamorara —me defendí.
—Justin… chicas como ella se enamoran fácilmente de hombres como tú.
—¿Hombres como yo?
—De pura palabra, pero cero compromisos —me dijo.
—¿Y chicas como tú? ¿Qué clase hombres buscan? —le pregunté.
Me miró fijo a los ojos y luego sonrió levemente.
—Chicas como yo buscan constantemente alguien que no sea posesivo y este dispuesto a entregarse a una relación divertida y sana. Un hombre con el que puedas hablar de cualquier cosa y sentirte cómoda —me dijo.
—¿Pattinson no podía hacer eso?
—Al principio si, pero luego se volvió insoportable.
—Yo soy un hombre con el que perfectamente puedes hablar —dije. Volvió a sonreír.
—Si, lo imagino —dijo sarcástica —Eres el sapo imposible de transformar en príncipe.
El timbre sonó y todos comenzaron a salir. Ella se puso de pie y antes de salir del todo se giró a verme.
—Por eso se enamoran ti, creen que pueden cambiarte —me dijo. La miré fijo —Pero eso, esta
totalmente fuera del alcance de sus manos.
Salió de allí dejándome solo con mis pensamientos. ¡Oh mierda! ¿Qué es lo que pasa conmigo? Yo
no puedo sentirme mal por las palabras de una mujer poco común.
Poco común, eso es. Ella es diferente a las demás, o así la veo yo. Tal vez si le encuentro el
parecido ya no voy a sentirme así.
La noche llegó y con ella la maldita fiesta. Terminé de vestirme en un costoso traje que me trajo
mi padre de Paris. Parado frente al espejo me arreglé bien la corbata. De nuevo esos insesantes
recuerdos llegaron a mi mente...
**
—¿Ves? Así es como se hace mi amor —ella tomó la corbata y comenzó a colocármela bien.
—¿Así mami? —le pregunté.
—Uno para arriba, luego lo doblas por aquí y un tirón para abajo.
—¿Cómo me veo?
—Perfecto, te ves hermoso.
**
Sacudí mi cabeza mientras dejaba que aquel recuerdo me atormentara. Volví mi vista al espejo y ya
estaba listo. Tomé el peine y terminé de tirar todo mi cabello hacía atrás.
De verdad no podía hacerme cargo de que todas estuvieran muertas por mi. La verdad de todo está a
la vista. Yo no soy el problema. El problema son todas ellas.
El timbre de mi casa sonó, de seguro ese era papá. Salí del cuarto y me dirigí a atender. Abrí
y el me miró bien.
—¿Estas listo? —preguntó.
—Si —contesté.
Salimos de allí, nos subimos a uno de sus costosos coches, y partimos hacia otro de mis calvarios.
Pronto llegamos, en todo el viaje no habíamos cruzado palabra. Mi relación con mi padre era así,
solo hablábamos lo necesario.
Nos bajamos y entramos al gran salón. Miré a mi alrededor y toda la clase alta de la cuidad estaba
allí. Empresarios, contadores, abogados, políticos y demás. Era hora de sacar mi faceta
profesional y moralista. Nos acercamos a un grupo y mi padre comenzó a presentarme.
—Él es Justin, mi único hijo y mi futuro heredero —habló sobre mí.
—Buenas noches, señores —saludé.
Pronto comenzó la charla de negocios, puse mi mejor cara de atención e intenté hacerlo. Pero mi
mirada se distrajo por la silueta de una pequeña mujer. Estaba de espaldas con un elegante vestido
rojo, que dejaba a la vista la piel de su espalda. Tenía el cabello recogido, pero algunas mechas
caían por los costados de su rostro. Y cuando giró, de verdad no pensé que era ella. Comenzó a
caminar del brazo de un hombre bien vestido de unos 50 años. Estoy seguro que ese es su padre.
—Con permiso señores, enseguida regreso —me disculpé.
La seguí con cuidado, observándola de cerca. De alguna forma, que no sea presentándome yo mismo,
tenía que hacer que ella me viera. Divisé como sonreía cordialmente a las personas que, el hombre
con el que estaba, le presentaba.
Se veía extremadamente hermosa en ese vestido, rojo pasión. Largo hasta el suelo, marcaba con
claridad las bellas curvas de su cuerpo. Y ver su espalda al descubierto, era una tentación en vivo
y en directo.
Gracias a mis tontas compañeras de Universidad ya había logrado verla en ropa interior. Pero la
idea de desnudes que me provocaba su vestido era aun mayor de lo que yo había visto. La vi alejarse
de aquel hombre y entonces me acerqué a él.
—Perdón, ¿usted es el señor Brooks? —le pregunte. Se giró a verme.
—Si, soy yo. Mucho gusto ¿usted es? —me preguntó.
—Mi nombre es Justin Bieber —me presenté.
—¿Puede ser que tu padre sea Jeremy Bieber? —dijo frunciendo el ceño.
—El mismo —dije. Sonrió y estiró su mano para que la tomara.
—Es un gusto conocerte, hijo. He escuchado muchas cosas sobre tu padre, se que es un muy buen
abogado.
—Si lo es, y es mi gran ejemplo a seguir. Espero algún día poder llegar a ser tan grande como
él. —dije mintiendo descaradamente.
—Si tienes potencial y carisma, estoy seguro de que lo lograras —dijo divertido.
—Eso espero señor, ya que en algún futuro me tocara tomar mando del buffete de mi padre.
—¿Tú padre está aquí? —me preguntó.
—Si señor, se encuentra por allí —dije y lo señalé.
Giró y lo miró, volvió a mirarme.
—Oh, espera un segundo que voy a llamar a mi hija para que la conozcas —dijo.
¡Bingo! dije para mi fuero interno.
—_______, hija —la llamó.
Jajajja me encanto siguela!!
ResponderEliminarAMO esta novela :D
ResponderEliminar-Poly
AMO la nove :)
ResponderEliminar-Poly