—¿Acaso no conoces a las mujeres? —preguntó —Claro, nunca has salido con una… Cuando una
mujer dice NO ME IMPORTA, es porque en realidad LE IMPORTA más de lo que desea.
—Te diré algo sobre los hombres, primita —le dije. Ella me miró fijo —Cuando un hombre hace
una pregunta directa, espera una respuesta directa y simple. Somos criaturas sencillas no esperamos
tener que decodificar cada palabra que emiten.
—Eso es para los hombres como tú, que no se cansan de las chicas fáciles y huecas. Has
encontrado una con la que no puedes, ¿y que haces? Huyes... hasta tus amigos saben de lo que hablo.
Pero ¿sabes que Justin? Tienes razón, eres una perdida de tiempo. _______ a es una chica
inteligente, salió con un idiota, no creo que quiera otro…
Se fue dejándome con la palabra en la boca.
¿Yo una perdida de tiempo? ¿Acaso estaba hablando enserio?
Comencé a caminar, ya quería irme de este maldito lugar.
Pero mis pasos se detuvieron al ver como Pattinson se acercaba a mí.
—Hola imbécil —me dijo.
—¿Acaso hoy es el día de insultemos a Bieber? —pregunté. Lo miré —No estoy de humor
Pattinson, métete en tus putos asuntos, déjame en paz.
—¿Sabes? El otro día me entere de una cosa —dijo sin dejar de caminar a mi alrededor.
—¿A sí? ¿Andas de fisgoncita? —dije burlón.
—¿Te gusta besar a _______? —me preguntó. Sonreí por lo bajo. Por ahí venía la mano.
Entonces iba a joderlo un poco.
—No solo eso, también me encanta escucharla gemir. Es tan energética —le dije. Vi como su
rostro se volvía rojo como un tomate.
—¿Te gusta tanto como hacer todo lo que tu padre te dice? —dijo
—¿De que hablas?
—Estuve averiguando unas cosas sobre ti Bieber…
Lo agarré de la camisa y lo acerqué a mí para mirarlo fijo a los ojos. Maldito bastardo, no iba a
joder conmigo.
—Tu madre era una ramera Bieber, yo no se como hizo tu padre para aguantarla. Mujeres así son una
peste… hay que eliminarlas. Mira que abandonar a su hijo por ir detrás de un hombre es terrible
—el maldito infeliz cayó pesadamente al pasto, ya que le partí la cara de un solo golpe. ¿De
donde demonios había sacado eso? Con un poco de dificultad el maldito perro logró ponerse de pie
—También supe que quería una niña, pero saliste tú. Igual pagó el ballet, ¿no es así
Biebercita?
—Te mostraré de cerca el puño de un hombre real, Pattinson —le dije y lo volví a golpear.
Cayó al pasto y comencé a patearlo en el estomago. ¡Infeliz, mal nacido! —Vamos Robertita,
pelea como hombre —lo levanté y lo acerqué a mí para hablarle cerca. Su nariz estaba destrozada
y su labio partido. Pero yo quería verlo peor, mucho peor —Tú no sabes nada infeliz,
absolutamente nada… Pero ¿sabes que cosas puedes saber? Lo bien que la paso con tu ex por las
noches. Nunca imagine que una criatura tan pequeña podría dar tanto placer como ella lo hace… Me
encanta cuando se ríe de ti y me cuenta lo patético que eres. Y no sabes como amo, que me pida
más y más… Le gusta mucho contra la pared.
Escuché el sonido de un silbato. Giré mi cabeza y vi como dos policías corrían hacia nosotros.
Maldije por lo bajo y solté a Pattinson. Este cayó al suelo y se retorció allí.
—¡Levanta la manos! —me gritó uno de ellos. Puse mis manos en lo alto, y se acercó a mí.
Comenzó a revisarme, mientras que el otro policía atendía a Pattinson.
—Casi lo matas —me dijo el otro hombre.
—Él se lo buscó —respondí.
—Tendrás que venir con nosotros, Bieber —dijo el que me estaba revisando.
—No hay problema —dije. Comenzamos a caminar hacia el auto de policía. Me pusieron unas
esposas, y me metieron adentro. Vi como una rubia chica corría hacia el auto.
—¿A dónde lo llevan? —preguntó nerviosa mi prima.
—El señor acaba de atacar brutalmente al chico que está tirado por allí —le contestó el
oficial. Taylor me miró a mí y luego miró hacia donde estaba Pattinson.
—¿Qué hiciste Justin? —dijo sin poder creerlo.
—Tranquila Tay, ve a casa tranquila —le dije y el auto arranco.
Llegamos a la comisaría. El oficial que me llevaba me quitó las esposas, y me acercó hasta donde
estaba el sargento. Este levantó la cabeza y me miró fijo.
—Bieber, ¿Qué has hecho esta vez? —me preguntó.
—Lo encontramos golpeando a otro muchacho —le contó el oficial.
—Muchacho, muchacho, muchacho… creo que sabías que estabas condicionado, ¿verdad?
—Si sargento, pero le juro que valió la pena – dije y sonreí.
—Tienes derecho a una llamada. Me alcanzó el teléfono y lo tomé. No me iba a quedar otro
remedio que llamarlo a él. A mi padre. Marqué. Sonó una… sonó otra.
—Hola —dijo al atender.
—Jeremy —le dije.
—¿Qué pasó? —me preguntó él, como si ya supiera de ante mano que era algo malo.
—Tuve un pequeño problema. Estoy arrestado —le conté.
—¡Diablos, Justin! —rugió enojado.
—¡Estoy cansado de tus problemas! ¡Ya no daré la cara por ti! ¡Fíjate como sales o púdrete
ahí si quieres!
—Está bien, gracias —dije y colgué. El sargento me miró, espero a que le dijera algo —Creo
que vamos a ser muy buenos amigos sargento —le dije y sonreí.
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