martes, 25 de octubre de 2011

my sweet obsession 32

Abrí más sus labios con mi lengua, y toqué la suya con necesidad. Ella intentó alejarse, pero
coloqué una de mis manos en su nuca y la acerqué más a mí. Un leve gemido escapó de su boca,
cuando la apoyé más contra la pared, apretándola con mi cuerpo. Sus manos se quedaron quietas
sobre mis hombros, mientras nuestras bocas se conocían más y más, era un movimiento violento y
casi insano, pero no podía detenerme. Mi necesidad de saborearla era apabullante. Ella soltó otro
gemido, cuando mordí sus labios suavemente…
Entonces logró alejarme de ella y sin decir nada, su mano sonó contra mi mejilla. Agitado volví mi vista a su rostro. Pude ver la confusión en sus ojos, mientras que su respiración agitada caía sobre mi boca.
Sentí una pequeña punzada en mi pecho. Un enojo que me estaba carcomiendo las entrañas. Nuestras respiraciones aun eran agitadas.
¿Por qué demonios no cede? ¿Por qué demonios me hace esto? Sus ojos estaban clavados en los míos. Sus ojos eran una extraña mezcla de confusión y algo de miedo.
—Demonios… —dije y me alejé de ella.
Tomé mis llaves, mi teléfono y mi camisa, que estaban encima de la mesa de mármol. Caminé hasta la puerta y salí de allí cerrándola con fuerza.
Tenía que salir de allí, antes de que ella acabara conmigo. Cuando salí afuera miré a mí alrededor. ¿A dónde iba a ir ahora? Tomé mi celular y lo miré. Busqué el número de Zachary y marqué.
—¿Hola? —dijo al atenderme.
—Zac, ¿Puedes atenderme o estas ocupado? —le pregunté.
—No, de hecho estamos con mal de amores y amargados Rich y yo en mi departamento. Déjate ver por aquí —me dijo.
—Llevaré algo de beber, lo necesitaremos —dije y colgué.
Me subí a Betty y prendí marcha hacia la casa de Wilson. Llegué y toqué el timbre y un desanimado Zachary me abrió la puerta. Entré y de la misma forma estaba Richard. ¡Oh, esto es increíble!
—¿Qué tal? —preguntó el afro.
—¿Qué tal tú? —le dije y me senté a su lado.
Zac tomó la botella de cerveza que había traído y fue a abrirla.
—¿Acaso hace falta que preguntes? —me dijo Rich —¡Mírame, jamás había estado así! ¡Nunca!
—Aquí, muchachos —dijo Zac luego de darle un largo trago a la botella.
Yo la tomé e hice lo mismo.
—¡De tantas mujeres que hay y hay muchas! ¿Por qué nos tenemos que enamorar de las criaturas más perversas, adorables y maquinadoras que hay? —preguntó el afro nervioso.
—No, no, no. Lo siento chicos, pero lo mío no es amor. Se llama obsesión, una peligrosa obsesión —les aclaré y volví a tomar —Yo obtengo la chica que quiero cuando se me da la gana. Solo que con ______ me estoy tardando…
—Aja, si lo que digas Justin —habló Zac—¡Yo estoy peor! Me enamoré de la versión femenina de Justin… —dijo nervioso y le dio otro trago a la botella —Solo que muchísimo mejor la versión dama si puedo agregar.
—¿Y que hay de mi? —preguntó Rich —Me enamoré de la criatura más linda, dulce y tierna que existe. Pero resulta que esa criatura me aborrece…
Le quitó la botella a Zac y tomó un largo y limpio trago.
—Se te pasó decir cínica y sarcástica —le dije.
Me miró con desenfado y de encogió de hombros.
—Aun así es hermosa —dijo.
—Pues yo estoy peor que ustedes dos juntos —les dije y tomé la botella —Mezclen a Emma y Tay, ¿Qué obtienen? Exacto a ______… Esa chica me está costando dos semanas sin sexo.
—¡¿Qué?! —preguntaron los dos al unísono.
—No, tú estas jugando con nosotros —dijo Zachary.
—¿Ven? Y ahora no filtro lo que digo. Estoy muy mal —dije bajando la cabeza.
—¿Dónde se está quedando tu prima Just? —me preguntó Wilson. Lo miré y tomé la botella para darle un trago extra largo.
—Ese es otro problema —dije al hablar —Está en mi departamento, en mi cuarto, en mi cama. Ha tomado mi casa.
—¿Enserio? —preguntó con sonrisa iluminada en los labios. Lo miré asesinamente.
—¿Por qué la sonrisa? —le dije. La sonrisa se le borró y puso cara de preocupación.
—Oh, disculpa —me dijo —Que pena… ¿Por qué no le dices que venga a vivir aquí? Encantado le doy mi cama.
—Oye, tampoco soy un loco que entrega a su prima como si nada —le aclaré.
—¿Dónde vivirá mi pequeña lectora de libros académicos? —preguntó concentrado el afro.
—¿En la biblioteca? —dijo Zac frunciendo el ceño.
—No lo se —dije y miré a Rich —Pero ahora están en mi casa.
—¿Quiénes? —preguntó él.
—Tu angelito diabólico y el demonio encarnado —le dije.
—Traducción, eso sería Emma y ______ —dijo Jar.
—Si, entendí lo de angelito diabólico, no lo podía explicar más elocuentemente —dijo con su mejor cara de bobo —Pero si ella custodiara el infierno, yo iría feliz…
—No querido amigo, ella no va a custodiar el infierno, ella será tu infierno —le dije, tratando de asustarlo, para que de una buena vez reaccionara.
—Me parece Bieber que tú quieres pasarnos tu propia experiencia en este momento, ¿no es verdad? —me dijo Zac.
—Chicos de verdad yo los aprecio, y no lo repetiré cuando este sobrio pero los considero mis hermanos y de verdad se los digo... aléjense de ellas, ellas son como nuestro karma echo mujer que viene como bola de nieve y de un momento a otro moriremos aplastados como moscas asquerosas y malolientes —dije bastante nervioso.
Un celular comenzó a sonar. Miré a mí alrededor y me di cuenta de que era el mío. Me acerqué a él y el número era el de mi casa.
—¿Hola? —dije con duda.
—¿Dónde estás? —me preguntó ella.

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