viernes, 21 de octubre de 2011

my sweet obsession 31

La semana pasó bastante lenta para mi gusto. Aunque algo divertida debo admitir. Zachary intentó seducir a mi prima, y el terminó siendo el seducido. No deja de hablar de ella, ya me tiene loco.
Mientras tanto Richard está haciendo todo lo posible por averiguar cosas sobre su angelito diabólico. Estos chicos ya cayeron más bajo de lo que yo creía. Ambos parecen unos idiotas detrás de unas faldas complicadas.
El timbre de salida sonó, hoy es viernes. El bendito viernes. Hoy tendría mi conquista de la semana. Y ahora tenía que verme con ella, para arreglar unas cositas.
—¿A dónde vas tan apurado? —me pregunto Taylor.
—Tengo que hacer unas cosas —le contesté.
—Oye, ¿no te enojas si hoy vienen a dormir ______ y Emma? —dijo ella.
—No, no hay problema. Hoy saldré —dije. Ella sonrió.
—Perfecto primito, te veo luego —besó mi mejilla y apuró su paso.
Salí de salón y divisé a Jenny a unos metros de allí. Con discreción me acerqué a ella y le
hice un gesto para que fuéramos al gimnasio.
Cuando estuvimos ahí caminamos hasta detrás de las gradas que estaban allí.
Ella sonrió pícaramente y tomó mi corbata para cercarme a ella y comenzar a besarme. La miré
bien, mientras nuestras bocas se unían.
Pero entonces pasó de nuevo. La que estaba frente a mí no era Jennifer, era ______. Sus manos se
colocaron alrededor de mi cuello y me acercó más a ella. Instantáneamente mis ojos se cerraron y
la apreté más contra mí. Como me gustaba besarla, como me gustaba sentir su lengua sobre la mía.
Como me gusta _______… La coloque arriba de una grada, bajé una de mis manos hasta el final de su
corta falda. La levanté con cuidado. Ella se alejó un poco de mí.
—Espera Just, estamos en la Universidad —dijo agitada.
Esa no era la voz, ni el olor de _______. Y al alejarme el espejismo se desvaneció y el encanto se
perdió.
Ella me dijo algo, que no logré escuchar. Solo acerté a asentir con la cabeza. Se acomodó la
blusa y la falda. Me iba a volver a besar, pero me moví y el beso frío apenas alcanzó la comisura
de mis labios.
—¿Qué sucede? —me preguntó.
—Nada cielo, ve tranquila —le dije y me alejé más de ella. Ella frunció el ceño.
—¿Sabes? He notado que a todas nos dices cielo, linda o dulce. Pero solo le dices cariño a
________.
—No, eso no es así —dije.
—Si, puedo asegurarte que si.
—Pues entonces… no nada. Ve, ve, creo que va a ser mejor que esto lo dejemos para otro día.
—¿Qué? —preguntó.
—Si, recordé que hoy tengo… tengo que hacer unas cosas y no podré verte. Lo siento dulce…
—Kate tenía razón —me dijo. La miré bien —Estas muy cambiado…
Se fue de allí dejándome bastante confundido. Salí del gimnasio y ya casi todo el mundo se había
ido. ¿Cambiado? ¿Yo estoy cambiado? Al parecer si, y esto no puede estar pasando. Fui hasta mi
moto y me subí en ella. No quería volver a casa aun. Mejor iré a dar unas vueltas por allí.
Cuando la noche llegó al lugar, decidí volver. Entré a mi departamento, y escuché un par de
risitas graciosas provenientes de mi habitación. Recordé que Tay me había dicho que hoy vendrían
a dormir ______ y Emma. Mi prima salio del cuarto y me miró bien.
—¿Qué haces aquí? —me dijo.
—No quiero preguntas, no estoy de humor Taylor —le dije.
—Uuuuh, que carácter —dijo mientras se acercaba a la heladera y buscaba un poco de agua.
—¿Qué hacen? —le pregunté.
—¿No era que no querías que te hable? —me dijo.
—Solo quiero saber.
—Estábamos hablando, y estábamos por mirar una película —me contestó.
—¿_______ está? —dije. Ella arqueó una de sus cejas y me miró fijo.
—Si, si esta ¿Acaso viniste a casa porque ______ iba a estar aquí?
—No, claro que no —dije rápidamente —Solo tuve un pequeño problema y… ¿Por qué tengo que
estar dándote explicaciones? Está es mi casa y vengo cuando tengo ganas.
—Como sea, malhumorado —me dijo y se fue de nuevo a la habitación.
Dejé mis cosas sobre la mesa y entré al baño para darme una ducha. Cuando salí toque la puerta
de mi cuarto y Taylor salió. Me miró.
—¿Qué quieres? —me preguntó.
—¿Puedes darme un poco de ropa? —le pregunté, mientras intentaba mirar hacia dentro. Tal vez
podría ver un poco de ______.
—Ahora te la doy —me dijo y entró cerrando la puerta. Volvió a salir y me dio un pantalón de
dormir y un calzoncillo.
—Gracias —le dije y volví a la sala.
Me puse mi cómodo pantalón de dormir y me quedé sin camisa. Hacía algo de calor esa noche. Me
tiré pesadamente al sillón y prendí la tele. Volví a escuchar risas y la curiosidad comenzó a
molestarme. Pero no me moví de mi lugar. Tenía que quedarme en donde estaba. Encontré una
interesante película y me quedé allí tranquilo. Un bostezo involuntario salió de mí. Miré la
hora y el reloj marcaba las 2 de la mañana. ¡Vaya que el tiempo puede pasar volando cuando uno
está muy concentrado!
Apagué la tele y me acosté bien en el sillón. Coloqué mis dos brazos detrás de mi cabeza y
cerré mis ojos. Pero mi cabeza no dejaba de pensar. Escuché unos pequeños pasos, pero aun así no
abrí mis ojos. De seguro era Taylor. Escuché como la heladera se abría.
—Maldito Bieber, no tiene nada orgánico —musitó con enojo —Es un carnívoro.
Entonces levanté mi cabeza y divisé su pequeña figura buscando algo dentro del refrigerador. Sin
hacer ruido me puse de pie y con sigilo, como un león a punto de cazar, caminé para acercarme más
a ella. Sentí que iba a enloquecer al verla en un sexy pequeño short blanco una blusa de dormir.
Uno de mis ojos se entrecerró por la luz que proporcionaba el refrigerador abierto.
—Herbívora, busca bien. En el cajón de abajo hay manzanas —le dije.
Ella ahogó un grito y se giró a verme.
—¡Maldita sea, Justin! ¡Casi me matas! —dijo mientras respiraba algo agitaba ponía una de sus
manos sobre su pecho. La escaneé de arriba a bajo. ¡Diablos, se veía condenadamente bien así!
—No fue mi intención, pero que lindo levantarme y tenerte así en la cocina —le dije y la
volví a mirara de arriba a bajo. Su cabello caía desordenado y algo despeinado por sus hombros.
Sus piernas doradas y suaves se veían deseosas. Que ganas de…
—No me mires así —me ordenó con autoridad —Mírame a los ojos.
—Ya se de memoria tu rostro, y tus bellos ojos —dije y me acerqué un poco más a ella —Trato
de memorizar otras partes…
Me acerqué más acorralándola contra la pared. La luz del refrigerador era lo que nos iluminaba.
Ella hizo un escaneo nervioso a mi torso desnudo. Abrió la boca para decir algo, pero las palabras
no le salieron.
—¿Qué? ¿Qué vas a decirme? —le dije y me acerqué más, apretándola contra mí —Estás en
mi casa, y todo lo que está aquí es mío. Lo toco y lo miró cuando se me da la gana…
—Resulta que no soy una cosa, y también resulta que no soy tuya —me dijo.
—Mírame fijo a los ojos, y vuélvelo a decir… no puedes, porque una parte de ti, ya es mía.
Ella guardó silencio, mirándome fijo. Posé mi vista en sus labios. Esos labios carnosos y
calientes que me hacían perder el control. Como necesitaba besarla…
—Ese ego tuyo, hasta medio dormido es inmenso —me dijo.
—¿Quieres saber que otra cosa es inmensa? —le pregunté con la voz ronca.
—No puedo creer que hayas dicho eso —me acusó nerviosa y algo agitada.
Sonreí divertido y negué con la cabeza.
—Las ganas que tengo de ti ______… ¿O que pensaste?
—La inmensa estupidez que puedes llegar a tener —dijo ella rápidamente.
—Hasta media dormida, eres mal pensada —dije divertido.
—Ahora apártate, quiero ir a dormir.
Entonces aquello fue más fuerte que yo. Rápidamente me acerqué a su boca y la besé intensamente.
Abrí más sus labios con mi lengua, y toqué la suya con necesidad. Ella intentó alejarse, pero
coloqué una de mis manos en su nuca y la acerqué más a mí. Un leve gemido escapó de su boca,
cuando la apoyé más contra la pared, apretándola con mi cuerpo. Sus manos se quedaron quietas
sobre mis hombros, mientras nuestras bocas se conocían más y más, era un movimiento violento y
casi insano, pero no podía detenerme. Mi necesidad de saborearla era apabullante. Ella soltó otro
gemido, cuando mordí sus labios suavemente...

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